Fuego y nieve

La violencia futbolera…

¿Qué permite que alguien cometa violencia futbolera sin esperar consecuencias?

Zona Oriente 7 de marzo 2022.- Anteayer durante un partido de fútbol disputado por los equipos Atlas y Querétaro en el estadio ‘La Corregidora’, se suscitaron cuatro batallas campales según testigos presenciales que relataron el hecho en redes e incluso en primeras planas de algunos diarios de información general y la calificaron de violencia futbolera.

La más grave de todas fue la tercera, cuando las dos barras de equipos rivales que traen disputas diversas de tiempo atrás, se enfrentaron con una desigualdad numérica de 10 contra uno a favor de la barra de Querétaro.

Los hechos al momento de escribir estas líneas, son de sobra conocidos por la afición mexicana del deporte más popular en nuestro país; a ninguna persona que guste de pegarle con los pies a una pelota ignora lo que pasó, ni está exento de estar sorprendido en más de una forma de las imágenes que corrieron en redes sociales a cargo de cibernautas, personas que ahí estuvieron o simplemente replicaron cosas que consideran diferente a lo que ya vieron.

La suspicacia sobre la infiltración de malosos en los grupos que se enfrentaron, permea las conversaciones en todos los frentes, pero muy pocos se atreven a documentarlas y poner sobre el tapete las supuestas motivaciones de lo ocurrido.

Ayer domingo, sólo el periódico Reforma con información atribuida a Benito Jiménez, publicó declaraciones de personas que participaron en la campal y que atribuyen la violencia generada, a una rencilla entre un líder huachicolero de San Juan del Río apodado “El Beto”, quien supuestamente llevó a gente para enfrentar a un integrante de la barra 51 del Atlas, a quien el declarante (omitida su identidad) afirma “… está ligado al Cartel Jalisco Nueva Generación…”, y con el cual trae una rencilla personal:

“Todo fue por esos dos, se vieron, se traen,

y se dieron con sus bandas,

lo demás ya fue de regalo…”

(Informante anónimo)

 

Tal declaración o constatación no ha corrido más que en medios locales o portales de influencia regional. Los organismos responsables de la Liga Mx han hablado con tal tibieza y más preocupados por la afectación que puede resultar al negocio del fútbol, que no se reconoce la existencia de una sola persona fallecida, esto pese a los vídeos que han corrido en la red, incluso la FIFA ha soslayado tanto el tema que su comunicado es risible:

Domingo, 6 de marzo de 2022, 13:30 (hora local)

“La FIFA está consternada por el trágico incidente ocurrido en el estadio La Corregidora de la ciudad de Querétaro durante el partido entre Querétaro y Atlas. Los actos de violencia en el estadio Corregidora son inaceptables e intolerables.

La FIFA se une a la Federación Mexicana de Fútbol y a la Concacaf para condenar este deleznable incidente y alienta a las autoridades locales a hacer justicia rápidamente en relación con aquellos individuos responsables. Nuestros pensamientos están con todos los que sufrieron sus consecuencias.

Una vez más, la FIFA desea subrayar que la violencia no debe tener cabida en el fútbol y seguiremos trabajando con todas las partes involucradas para erradicarla de nuestro deporte.”

Los que saben de casos judiciales afirman que, si dicen que no hay muertos, es porque de aceptar que pasó semejante cosa en el estadio, sería responsabilidad del club local y la Femexfut y si alguien muere, pues que sea en el hospital, pasando la responsabilidad a quien resulte señalado en las investigaciones posteriores.

Esta tragedia tiene dimensiones mucho mayores a otras que ya han ocurrido en la llamada violencia futbolera en nuestro país y que ocurren de manera recurrente, pero sin semejantes alcances en las consecuencias, mortales o no.

El propio presidente de México ha minimizado el tema y solo lo ataca por encimita.

Una de las evidencias más contundentes es la manera de operar de los rijosos, tan semejante a las bandas organizadas, donde desnudan a los golpeados y tratan de desfigurarlos para no ser reconocidos, además de la saña inaudita que sólo se ve en los reportes sobre el crimen organizado.

Negar lo que ya viene ocurriendo desde hace tiempo es no enfrentar el problema, y así como “asesinando periodistas no se mata la verdad”, ocultar que haya fallecidos en el lugar y expresar la perorata de siempre, no va a eliminar la violencia en los estadios, ni en las calles.

Quienes participaron sabían que nadie los detendría, sabían que quedarían hasta cierto punto impunes, la inacción de la policía así lo delata a pesar de los avisos previos.

Esto solo puede señalarse como la falta de un Estado de Derecho, más todavía en un país polarizado y dividido entre creencias oficiales e inventadas, pero con una pobreza sistemáticamente administrada y en constante aceleración.

El fútbol es solo un juego, pero hoy se ha convertido en un pretexto para infiltrar activos delictivos y la pregunta es por qué.

Nunca como hoy la respuesta es simple y contundente:

Lo hacen porque quieren y pueden…

Violencia fitbolera