Fuego y nieve

Violencia política…

ANÁLISIS

Violencia política…

 

Por J M Miranda

gasolinazoTantas banalidades en un camino tan corto y tanta agresión mediática por parte de tan pocos personajes. Este es el openning de una etapa en donde pocas veces se había visto una camada de gobernantes con tan poca estrella y malos modos.

Sin lugar a dudas este fenómeno deja de ser local o regional, para convertirse en el distintivo del año, toda vez que las maneras de muchos gobernantes en nuestro país  -sea el Presidente de la República, los Gobernadores, Legisladores  o los Alcaldes- , actúan con desenfreno y desparpajo en sus funciones, utilizando andamiajes que creen les funcionan para tapar sus desvaríos o sus mentiras, sí, sus mentiras esbozadas sin mayor recato que su palabrería insulsa.

Esto que parece una diatriba sin ton ni son, es sólo una impresión y no aspira a ser más que un breve retrato  de un sentimiento que cada vez es más general. El abuso por parte de los funcionarios que tienen un coto de poder por mínimo que éste sea, tiende cada día a crecer pues no hay candados que lo impidan, ni existe juez que los pare, el sistema funciona y funciona bien… para ellos.

Se trata de hablar de cómo hoy mucha gente percibimos los engaños en tiempo real, de cómo la generalización y socialización del acceso a la información generada por la sociedad misma, es el pan de cada día y que ha revolucionado los cauces de la organización social en este tiempo que nos toca vivir.

La violencia política adopta muchas formas y se emplea de maneras diversas, sus objetivos son las masas y la apuesta de quien la ejerce es actuar sin respuesta, esto es, malversar fondos públicos sin escrutinio de ello, actuar negligentemente sin consecuencias, tergiversar la verdad, manipular datos, etc.

Esto que se hace todos los días en nuestro país, está bajo el escrutinio de miles de mexicanos a los que es más difícil tapar los ojos con engañifas mediáticas y distracciones brutales que sirvan de bálsamo social a las clases trabajadoras cada vez más golpeadas en una parte que nadie puede negar, su bolsillo.

Hoy las palabras carestía e inflación no son usadas en los discursos oficiales y con ello se pretende deseducar  a quienes durante años padecimos esta crisis económica permanente y que a las nuevas generaciones les parece normal y hasta natural que la vida sea así.

No se habla de condiciones desastrosas en la calidad de vida, aunque ello esté ocurriendo en sectores amplios de la población con más incidencia, lo cual es perfectamente medible con los indicadores económicos que se emplean para cacarear logros gubernamentales.

Incluso el mismo gobierno federal tiene dificultades para opacar escándalos con sus propias instancias, la información pública que pone a disposición el INEGI, entra en directa contradicción con los mensajes emitidos por los voceros oficiales.

Los números no concuerdan y niegan de raíz declaraciones de funcionarios y hasta de políticas públicas; como ejemplo está la petición que hiciera el INEGI al gobierno del estado de México para tipificar los feminicidios de manera correcta, pues su información arrojaba que ese fenómeno social no existe en dicha entidad porque no se reportan como tal.

Lo anterior habla de que las mediciones de la información desenmascara políticas públicas, para el caso mencionado fue tal la incomodidad que la petición causó, que nunca se dio eco al tema para otras entidades en las que la violencia contra las mujeres se da de manera brutal.

La violencia política hacia los ciudadanos se manifiesta en todos los ámbitos y tiene el rostro de ser una línea generalizada, aplicable en cascada y sin miramientos. Se habla de recuperación cuando el bolsillo indica lo contrario, cuando la inestabilidad en el empleo es cada vez mayor, cuando el acceso a la educación es más cerrado por su alto coste, cuando los profesionistas egresados de universidades se enfrentan a un mercado laboral anacrónico y criminal en su reclutamiento, mismo que se ampara en una reforma donde puede imponer condiciones sin restricción alguna.

Los retrocesos en conquistas sociales han sido brutales y no hay forma de negarlo, de allí que la Constitución tuviera que ser reformada pues los artículos derogados o modificados tienen que ver con el amparo de condiciones de vida que, en otro tiempo, se percibieron como un derecho social. Hoy se les ve como un estorbo en la dinámica de los negocios de la clase empresarial.

Llegar al poder para atentar contra los intereses de los mexicanos al representar los intereses de una oligarquía política, manipulando números e intenciones, pero sobre todo malempleando un cargo público, es ejercer violencia política. Sea Presidente, Legislador, Gobernador o Alcalde, el saco queda; la pregunta es ¿ellos cómo quieren quedar, como unos simplones violentos o como alguien con la oportunidad de servir a su patria?

La respuesta creo que ya la sabemos…