Fuego y nieve

Ventas de muerte…

Vendimia sin reparos

Por José Manuel Miranda

ZONA ORIENTE, Méx. –  Es caro porque sólo sirve para unos cuantos días, es una fiesta y es sincrética, aunque muchos que festejan ni enterados estén de lo que eso significa; es la segunda fiesta más importante del año y por eso se le dedica tanto tiempo y dinero, es el arribo de los muertos a nuestra dimensión terrena.Color de muerte...

No existe lugar en nuestro país (salvo los dominios de las religiones diversas a la católica) que no se involucren con una fiesta ritual que prepara el encuentro espiritual de los vivos y los muertos. Por ello, la venta de artículos relacionados al evento es un tianguis efímero en el que se ofrecen todos los artilugios para crear un ambiente de buena recepción al alma de los difuntos en la casa que un día habitaron.

Calaveritas de azúcar y chocolate, copal, braseros, pan de muerto, frutas diversas de temporada, papel picado con figuras alusivas a las calacas y la muerte, utensilios de barro, veladoras, y otras que se me escapan, están en vendimia forzada, pues estamos en el fin de semana previo a la celebración que ya se ha extendido a tres días en que la gente expía sus culpas y se santigua con sus difuntos para darles un cálido recibimiento en el seno familiar.

Una festividad que de lúgubre no tiene nada, es el pretexto para desembolsar lo que sea necesario, se compra de todo cueste lo que cueste, no hay reparos porque el marchante se auto infringe la creencia de que “poco esfuerzo es poco para recordar a nuestros muertos”, de modo que, si cada panecito le cuesta cinco pesos sólo se debe calcular cuando lo debe de comprar para su ofrenda, pues no hay que olvidar que la comida preferida del difunto a la postre de los días de encuentro, es degustada por sus deudos, siempre que aguante y esté buena todavía.

En suma, haciendo la cuenta y de acuerdo a los que nos dicen los vendedores sobre el coste  de sus productos, ofrendar la hospitalidad a nuestros difuntos sale caro; en un altar de tres niveles como es el más común que la gente pone en sus hogares, las familias gastan alrededor de 600 pesos como mínimo para un altar provisto decentemente y de proporciones modestas y dignas.

Las flores que se compran el mismo día primero de noviembre por lo regular para que aguanten lo más posible y no se marchiten rápido, son de precios despiadados y ni para dónde hacerse.

Si a ello sumamos los gastos que en general las personas jóvenes hacen para festejar el día de brujas (Halloween), los disfraces y artículos de transformación redundan en precios mucho más impactantes al bolsillo: una peluca 80 pesos, un disfraz 200 pesos, maquillaje y accesorios 100 pesos, además de toda la basura comercial que es parte de la parafernalia del festejo.

Más todavía, cuando en ese tren de gastos las familias tiene tres o cuatro hijos que adoptan esa costumbre y quieren “vestirse” para la ocasión, pues prepárese a invertir algo así como mil 500 pesos en una fiestecita “ahí leve”, como dicen los muchachos de hoy.

Finalmente el resultado de todo esto es una derrama económica que no cualquiera está en posición de hacer debido a una crisis de ingresos económicos cada vez más presente en los bolsillos de muchos más mexicanos, lo cual a pesar de todo no merma la tradición, pero sí el ánimo de ser espléndido para recibir a tus muertos los próximos 1 y 2 de noviembre; “estos gustos son cada vez más difíciles de afrontar”, remata un marchante que se ha anticipado a los días principales de la venta en donde la demanda es la que determina precios y abusos…