Fuego y nieve

¿Manifestaciones criminales?

ANÁLISIS

 Vender la idea…

 

JM Miranda

A 42 años de la tragedia resultado de una agresión gubernamental  contra una protesta social, hoy, la inmensa mayoría de los mexicanos poco o nada sabemos o recordamos del famoso halconazo.

Una marcha de estudiantes universitarios que conservaban la combatividad y motivaciones del movimiento del ‘68 en que fueran masacrados muchos  mexicanos por el Estado, culminó un jueves de corpus en una emboscada que añadió casi 120 muertos al padrón de asesinatos del gobierno de Luis Echeverría Álvarez en contra de un pueblo controlado entonces con mano dura.

La tentación de los gobiernos sea cual fuere su factura (pero que sin duda responden al interés del poder político), de regresar al “control total”, es evidente cada día. La forma en cómo enfrentan el descontento social y sus derivaciones a lo largo del tiempo, tiende a influir en la llamada opinión pública que no es otra cosa que el discurso del Estado legitimado a través de sus controles sociales, en especial aquellos que tienen que ver con el control de los procesos informativos de manera masiva.

La protesta conmemorativa del pasado 10 de junio que recuerda “la matanza del jueves de Corpus” ocurrida en 1971, concluyó para variar en detenciones de manifestantes supuestamente justificadas por las agresiones que se documentaron hasta el cansancio en los mass media.

Infinidad de tomas de video parecen evidenciar lo que muchas personas observaron, agresiones de grupos que marchaban custodiados por la policía antimotines cuando se dirigían al zócalo capitalino. Los policías sin respuesta a las agresiones que incluyeron fuego y otras maniobras, reaccionaron con la misma violencia, una vez que se hubo disgregado el grueso de los marchantes más violentos y lo hicieron contra personas que se encontraban más aisladas.

Fue exactamente lo que sucedió el 1º de diciembre del año pasado cuando sucedía el cambio de gobierno.

Si Mancera ordenó ese tipo de comportamiento en la policía, eso no es lo importante, sino cómo es que se presentó el evento a la opinión pública, la cual, dicho sea de paso ya estaba construida sólo para ser validada por una masa de espectadores que “repudiaron el hecho de que manifestantes agredieran a indefensos policías…”

La venta de la idea al público por parte de los gobiernos capitalino y federal acerca de que “la protesta social se está tornando cada vez más violenta y criminal”, está perfectamente previsto en el decálogo creado  por Noam Chomsky titulado “10 estrategias de manipulación mediática”(*) y que en su segundo método “Crear problemas y ofrecer soluciones” o conocido también como “problema-reacción-solución”, define con claridad el caso que nos ocupa.

Tal disertación afirma que “se crea un problema, una situación prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo, dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos”.

¿Lo anterior le parece conocido amigo lector? Seguro que sí, es justo lo que millones de mexicanos actualmente estamos padeciendo a manos de un gobierno que mantiene el control de todo lo que se dice en los mass media a excepción de la mayoría de las redes sociales aún, pero que va en dirección de coartar ese recoveco que todavía permanece.

Lo que no deja de impresionar, es el alto nivel de efectividad de esta medida; no pasaban ni dos horas del hecho y las condenas sociales sobre los vándalos, anarquistas, inadaptados, criminales… ya estaban cocinadas. Ni un atisbo de duda quedaba acerca de la “violencia criminal” (las imágenes así lo indican) de estos manifestantes toda vez que medios oficialistas o críticos, estructurales o independientes, manejaron diferentes ángulos de la nota pero coincidían en la exposición de la agresión a policías, sin embargo ninguno abordó con oportunidad la forma alevosa del desquite de los policías, una vez que fueron autorizados a reaccionar.

Es difícil cuestionar las motivaciones de los manifestantes, son personas enojadas, molestas, angustiadas y con derechos, son mexicanos y aunque a casi nadie le parezcan sus métodos, lo cierto es que son sujetos sociales que forman parte del problema y son personajes en el momento de la protesta, más allá de ser simples civiles son protagonistas, estemos o no de acuerdo con ellos.

Con todo, resulta impresionante que en un sondeo en el que decidimos obtener una respuesta específica y planeada con los entrevistados (esas son las características del sondeo), reafirmamos lo temíamos: sólo uno de cada diez sabe lo que se conmemoró y sabe lo que fue el llamado “halconazo”… aunque no necesariamente las dos cosas.

La ignorancia es el resultado de un atentado sistemático contra los mexicanos en el cual la indolencia es parte del juego…

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(*) Noam Chomsky, “Las diez estrategias de manipulación mediática” https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&sqi=2&ved=0CCgQFjAA&url=http%3A%2F%2Fwww.revistacomunicar.com%2Fpdf%2Fnoam-chomsky-la-manipulacion.pdf&ei=C3q7UbbxOoPQqwGMkYDQDw&usg=AFQjCNGd9_VhEvEItMdp9YDi1xxdJ54Gew&sig2=i450Me3lI4SvwuCsIC1BRA