Fuego y nieve

Indolencia policíaca en Chalco…

ANÁLISIS

Crónica de una villanía

8Se bajó hace tres días de una lujosa camioneta Jeep Blanca de reciente modelo frente al parque de la calle Tizapa allí donde el PRI local tiene sus oficinas a eso  de las cinco de la tarde, su mirada es torva y fúrica, viste una camiseta de tirantes negra, un pantalón de mezclilla, botas cafés algo estropeadas y una gorra negra, tiene aspecto de militar o policía por su corte de cabello y un cuerpo macizo y fuerte, ronda los 30 años, anda bien “trolo” y sin más empieza a acosar niños y jóvenes; no se sabe qué les dice, pero los hace huir despavoridos.

Luego de espantar a un par de jóvenes que estaban platicando a un lado del Tecalli de la policía local que hace las veces de cocina económica para el personal policíaco, se dirige al jardín y lastima a un niño arrojándole un columpio, luego encamina sus pasos al pasamanos donde un niño de unos ocho años cuelga, lo insulta y amedrenta, para después seguir de frente hasta el frontón donde se pierde un instante.

Hasta aquí los pasos de cualquiera que en sus momentos de frenesí pudiera tener una etapa de excitación y pérdida de toda percepción consciente, sin embargo ayer que regresé al lugar, vecinos me comentaron que se la pasó la tarde del lunes asaltando muchachos. Ese día, el miércoles, al filo de las tres de la tarde no hay duda, frente a los ojos de todo mundo se lanza sobre un niño y le quita su mochila, se va… para después aparecer y arrojarle gas a los ojos a un joven ciclista para despojarlo de su vehículo, se da a la fuga sin prisa, ni remordimiento alguno.

Eso pasó luego de haber tragado carnitas en uno de los puestos que allí se encuentran y donde los comerciantes del mismo se someten a las formas agresivas con las que este individuo se conduce. Es un solo tipo, pero con una carga agresiva tal, que de lejos impresiona; sabemos que ese estado de excitación es provocado en especial por drogas baratas como las piedras, grapas, o solventes, pero lo importante es el trance en el que de manera permanente están.

Al saber de esos abusos se le hace saber a una autoridad, -la única de confianza- que estas cosas están ocurriendo en el momento, su reacción es inmediata y gira instrucciones para que se atienda el problema con prudencia, su llamado es desatendido en la forma, pues quien acude al lugar es nada menos que el director de la policía Arnulfo Tapia, quien al dirigirse a quien se indicó le pudiera dar la descripción, obviamente solo recibió respuestas evasivas y negativas sobre el caso.

¿Quién en sano juicio denunciará a sujetos que se van y desaparecen a cada rato para que después de minutos tomen represalias de inaudito alcance? El policía se dirige al otro puesto de tacos que está a un lado y recibe la misma respuesta: no saben nada y no han visto a nadie así…

Acto seguido, el policía frente a mis ojos  y con una calma que me recuerda al papá del Acelerino, saca su teléfono de color blanco y hace una llamada, para después subirse con su amuchachado acompañante y desparecer sin más. Todo eso no le llevó más de cinco minutos…

Quedarse pasmado es poco, se denuncia a vía directa, se da una instrucción precisa, acude el mandamás de la policía, pero a la hora de ejecutar la autoridad, nada, no se monta ningún operativo, no se indaga correctamente, no se rastrea al culpable y todo queda en nada.

El tipo fue visto una hora después cerca del centro comercial de Soriana Chalco, cerca de la carretera Chalco Huitziltzingo parado en un semáforo, ya sin bicicleta y curiosamente cerca de un taller de bicicletas.

La villanía consiste no tanto en las tropelías que este individuo hace día con día, sino en el desinterés de la policía, de los que supuestamente nos deben de proteger. Lo peor es que se actuó rápido, directamente y los ejecutores del orden simplemente se hicieron weyes… no se vale