Fuego y nieve

De señoritas y desgraciados…

ANÁLISIS

María Teresa Priego 

Tabasqueña. Feminista (tendencia retro) Estudió Letras en la Universidad de Monterrey. Diplomado en Historia del Arte en Roma. Maestría en Estudios de lo femenino en París VIII. Traductora. Vivió en Suiza y en Estados Unidos.

Integrante del Comité Editorial de Debate Feminista. Fundadora del Instituto de Liderazgo para Mujeres Simone de Beauvoir. Divanera compulsiva. Aprendiz de psicoanálisis. Fóbica del avión. Los elevadores y la vida social intensa. Es muy feliz en las bañeras, los mares, los ríos, las lagunas y la lluvia. La existencia de Plutón, es su más rotunda certeza científica.

Autora del libro de cuentos Tiempos oscuros. Cuentos en antologías de Cal y Arena. Planeta y en Debate Feminista.

Tere escribió la siguiente columna en el diario El Universal el pasado sábado 28 de septiembre

Que pase ese desgraciado… 

28 de septiembre de 2013

“La realidad, en consecuencia, está comandada por el fantasma, en tanto el sujeto se realiza allí, en su división misma”.—Lacan

Los “desgraciados”, pasan: el desamparo, el desposeimiento, la precariedad, la esperanza harta de rebotar contra lo imposible, el miedo a quedarse a solas con sus emociones. ¿Quién escucha? ¿Quién legitima la herida para ayudar a salir flote? El talk show: lo no dicho urgido de estallarse en la exhibición de la desgarradura. ¿La ilusión de que alguien escuche, comprenda y nos ame sin conocernos? Los territorios inundados del dolor moral, y los poderes siniestros que los usan. Todos somos portadores de demandas de amor y reconocimiento.Nuestras historias circunstancias de vida nos ofrecen, o no, maneras de resolverlas. La fragilidad, por un lado. El mercantilismo salvaje por el otro.

Televisa sabe lo que es necesario saber acerca de la condición humana para explotarla. “La señorita Laura es de todos”, ella reparte furias y “bondades”, y aliena, prometiendo catarsis libertaria. En realidad, en el escenario, todos son de la señorita Laura. Un rasgo muy de su personaje: la poseedora. Posee los recursos, la “altura moral”, el poder, cantidad de “saberes” cuyo enigmático conocimiento nos llevaría a vivir otra vida, remota de pantanos e indignidades. Ella separa la luz de las tinieblas.

Posee la interioridad de sus invitados, sabe por qué actuaron, qué sienten, cuáles son sus deseos. Como una madre cruel e invasiva. Alienante y despótica.Aquellos que llegaron para hablar apenas tienen tiempo de pronunciar miedos y dolores cuando ya la justiciera madre omnisciente les explica quiénes son y a qué lado de la humanidad corresponden. Sólo hay dos, y sin matices: buenos y malos.

Hay desgraciadas; sobre todo, hay desgraciados. La androfobia de la señorita Laura es de dimensiones épicas. “Antes era un tigre, ahora es un muñeco de trapo”, dice una invitada refiriéndose a su amante víctima de brujería. Sigue un festín hembrista. Al pene se le llama “el muñeco”. Y el “infiel”, portador de ese órgano proclamado disfuncional, se arrellana, orgulloso de sus deslealtades y sus encantos. “Empoderado”, por él se matan dos mujeres en escena. Ambivalencia profunda: le están explicando que el muñeco es él.

Laura: “Yo no le hubiera hecho brujería, yo se lo corto”. Así nomás. “Tenemos que hacer que las mujeres nos queramos, ninguno vale la pena”. A sus invitados no para de “cortárselas”. “Los hombres son todos iguales, hay que tratarlos como perros para que estén ahí detrás de uno”. Su invitado se llama Perfecto: “Que de Perfecto no tiene nada, porque ya nada le funciona”. El órgano en apuros de Perfecto se convierte en su sinécdoque: nada le funciona. La burla a la virilidad, su reducción.

Sí apuñala “malas”: “tiene un problema psiquiátrico”, “putita”. Pero para Laura, nada como el gozo de desvirilizar al “desgraciado”. “Para que tú seas hombre te falta mucho, hasta los animales son mejores que tú”. Casi todo es de terror, realidades atroces desfilan en cuestión de minutos. Son realidades porque existen, aun cuando allí fueran falsas. Sucede a tremendas velocidades. En este malbaratar amor y desamor, en esa comilona de duelos amorosos envilecidos, ¿acaso queda algo que rescatar? Si los invitados llegaron para nombrar sus No dichos, sólo les queda acariciar la mordaza.

Nada calla a Laura. ¿Por qué esta guillotinadora de virilidades es un éxito? Si una piensa que el machismo es/podría ser, la brutal y muy mal resuelta manera de ocultar una insoportable vergüenza de la virilidad, el revanchismo hembrista de la señorita Laura es un llamado a la misoginia. ¿A qué intereses podría servir promover una lucha de sexos descarnada?

Hay quien llega con una demanda de apoyo específica: justicia para su hija asesinada. Devastador. Se anuncian cacerolas. Una faja que reduce dos tallas.Pasamos del horror a la exaltación de la vendimia. La madre de la muchacha asesinada se acerca a la esperanza que le ofrecen “la poderosa”, y su “equipo de investigadores, abogados, psicólogos”. ¿Acaso estaría allí si no se sintiera destruida ante su pérdida y ante una hilera de puertas cerradas?

¿A qué corresponde ese rating? Todo abismo guardado, pienso en las promesas de la tragedia griega: la transgresión será castigada, a través de la identificación con el héroe que cae, se arrepiente y es castigado (por errores terribles, pero humanos) los espectadores lograran la catarsis, la “purificación” de la que escribe Aristóteles. ¿Será la promesa del talk show? ¿Imaginar un talk show distinto? En el que existieran las personas y sus dolores. La antítesis de Laura. Una invitación a pensar subjetividades, herramientas para pensarlas. ¿Será posible? Todo abismo guardado: La talking cure, dijo Anna O. refiriéndose al psicoanálisis. La cura hablando. La cura por la palabra. De una talking cure a la trituradora de emociones de un talk show, la urgencia es parecida: ¿Qué hago sola/o con mi desamparo, mis desgarraduras, mis duelos? ¿Alguien para ayudarme a entender y transitar? ¿Alguien escucha en mi silencio, mi imposibilidad de decir? Fuera máscaras, murmuran los productores de la gran mascarada.