Fuego y nieve

Cuentas amarillas…

ANÁLISIS

Cuentas amarillas…

 

Por JM Miranda

Elecciones de partido, la sola idea que esboza esta frase pareciera indicar un ejercicio democrático en sí y para sí mismo, cuando se juega la representación popular entre pares; para el caso que nos ocupa no es así.

La enlodada que se llevó a cabo el domingo pasado en algunos municipios mexiquenses que renuevan consejeros, delegados y comités municipales en un nivel general, tiene como distintivo una escasa participación y una manipulación de voluntades como en cualquier partido mexicano, incluido el eterno PRI.

Sin mayor problema nos enteramos como ciudadanos de la calle de los tejes y manejes que se dieron una tarde antes de la elección, donde la palabra “operación”, se ha convertido en sinónimo de acarreo, presión vecinal, compra directa de votos, coerción familiar y grupal, todo para fraguar un mandato dictado por liderazgos locales que han negociado en base a números, las posiciones que se pueden sustentar, todo como en una mesa donde se juega cubilete.

Sin conocer nombres, los representantes se juegan números y posiciones que al fin representan “intereses de tribu”, olvidando por completo no sólo a su base partidaria (que quedó fuera del padrón en una operación de rasurado sistemático y selectivo donde solo sobreviven los nombres de los grupos más fuertes), sino del mismo pueblo mexicano al que dicen defender.

Ese “proceso electivo”, fue un ejercicio de legitimación de lo pactado entre grupos desde antes de la votación, con notable ausencia de participación ciudadana motivada entre otras cosas por la desmovilización y la exclusión de votantes del padrón, que con credencial de perredistas y su documento de identidad expedido por el IFE, no pudieron votar porque no aparecían en la lista.

“Si no hay llamada no operamos”, fue una instrucción repetida por varios caciques locales del perredismo que intentaron por todas las vías sobrevivir a este proceso tratando de conseguir posiciones que les den vida al interior del partido amarillo y que finalmente no “operaron” porque simplemente no negociaron, en tal caso la llamada tampoco llegó a sus bases movilizadoras, resultado, poca participación ciudadana.

No sólo eso, la eterna presencia de los mismos personajes como “referentes” que son profesionales del gancho gubernamental (vivir colgados de) da cuenta del estancamiento en que la fuerza amarilla se hunde cada vez más. No existen cuadros nuevos por temor a desplazamientos de aquellos que ya están afianzados y se creen en un trono vitalicio, no hay preparación de plataformas reales y comprometidas con cambios locales, no hay vida activa partidista, no hay contacto con la necesidad de la gente a la que dicen representar.

Desde la clara disociación entre la izquierda social y la izquierda política, esta última se la ha pasado en negociaciones absurdas desde el punto de vista ideológico, malbaratando el capital político que se empeña de manera sistemática en acuerdos leoninos y que sólo se recupera a través de liderazgos mesiánicos y cíclicos, que no son otra cosa que un control social incrustado en el mismo Estado mexicano. Farsa pura.

Ahora que la discusión nacional se centra en la reforma energética, los altos mandos del PRD evitan hablar con contundencia y claridad de lo que pasa en las entrañas de su partido, dejando a la deriva las voces que claman por que se les atienda, dejando al libre albedrío de ratones de agujero la manipulación de una representación que ha secuestrado la esperanza de millones de mexicanos de que este país tenga una alternativa desde la izquierda social que actúe en favor de aquellos que todos los días se parten el lomo día a día, y que no ven otro panorama que un horizonte oscuro e incierto además de triste, derivado como verdad axiomática de “las locuras del emperador”…

Hablar de localías quizá pueda parecer estéril, pero cuando se pone como ejemplo a un municipio que cuenta con un millón trescientos mil habitantes del cual ya en números públicos se cuenta con un padrón de tan sólo 23 mil 800 y en la elección del pasado domingo solo votaron 7 mil 193, el 30.2% de dicho padrón, y si tomamos en cuenta que el 40% de la población de ese municipio es adulta y con derecho a voto, tenemos que tan sólo el 1.4% del total, “decidió” que el partido amarillo siguiera su camino con dos gárgolas en la puerta cuidando un castillo impenetrable y extraño, ajeno a cualquier interés mundano.

El municipio tiene nombre y los números son reales ¿pero eso que importa cuando la esencia putrefacta es la misma en todo el país?