La señorita del Moral

La señorita del Moral

 

  • ¿Neta?

Por José Manuel Miranda

CHALCO, Méx.- Tiene casi 35 años, es Cuautitlán Izcalli, es de la Ibero y del Tec de Monterrey, se dice joven aún por un añito.  Cuando tenía 23 años representó al Estado de México en su cartera de Relaciones Internacionales (¡!); a sus 26 años ya era presidenta municipal de su tierra y de allí se fue a ser diputada federal, hace tres años Peña Nieto la hizo directora de Bansefi y hace dos Eruviel Ávila la jaló para la Secretaría del Trabajo mexiquense. El año pasado la hacen presidenta del PRI Estado de México y luego Del Mazo la pone de Secretaria de Desarrollo Económico, tampoco dura en el cargo que asumió a fines de 2017 y hoy es candidata a Senadora de la República por los priistas.

Cuando vi su currículum completito, dije, quiero escucharla.

Se llegó el día y el pasado domingo trescientos priistas se dieron cita en el kiosco del pueblo de San Marcos Huixtoco en Chalco, el mismo día que un contingente del Frente (PAN, MC y PRD) decidiera hacer proselitismo ahí también. Se cruzaron y no pasó nada, bueno, una que otra mentada de madre y ya. Ese día la estrella no eran los candidatos locales del PRI, ni Yetza, ni panchito, ni pepito, NO, era Ale del Moral como le llaman algunos que ya hasta cercanos se sienten.

Al lugar arribó una joven sí, muy contenta sí, pero no muy impactante, sin embargo el entusiasmo que proyectó fue un indicativo de que sí, está joven.

Tocó el turno de hablar a los preliminares (como en pelea de box) y dijo panchito que “… nunca en la Historia de las elecciones (municipales) los candidatos al Senado habían arropado y empujado tanto la campaña como ahora…”, pues cómo no, si él solo estuviera haciendo campaña, quién sabe cómo le iría, no en balde se esperó a asomar la nariz hasta que arrancaron las campañas locales, pero bueno, eso es otra cosa.

Cuando habló la señorita del Moral, la verdad esperaba un discurso con ‘altura de miras’ como dice César, su compañero de fórmula; no es que no tenga perfil con toda la experiencia que se carga, pero hablarle a su audiencia como quien inicia una “tocada”, pues puede que genere simpatía momentánea con sus interlocutores que toooooodo aplauden y a toooodo corean, están en su papel (al final las campañas en sus mítines son pura pachanga), pero no dijo absolutamente nada que no se haya dicho antes por cualquiera y repito, por cualquiera.

Los políticos en la cultura occidental (de la cual formamos parte se quiera o no) son emblemáticos, no representan los intereses del ciudadano, sino que son un símbolo que carga con nuestras aspiraciones de ser mejores, de conseguir un referente que sea una voz que se asemeje lo más posible a nuestro reclamo en tribunas de poder, donde se toman las decisiones.

En México, no confiamos en ellos. No lo hacemos porque se empeñan en demostrar que llegan para otra cosa y no a lo que aspiramos quienes los elegimos.

La política partidista tiene su estructura y sus reglas que varían de un partido a otro, para el revolucionario institucional es muy claro el mandato, vaya quien vaya, hay que apoyarlo y a costa de lo que sea.

Para el caso que nos ocupa con la señorita del Moral, es difícil creer que aún no sepa la diferencia entre Chalco y Valle de Chalco, que no encuentre mejores palabras para definir a la candidata local a alcaldesa como las que usó “a mi manera” y describirla como “una candidata muy conocida, una candidata chingona”, está bien, para cuando lo dices con tus cuates…

La mayoría hablamos así, nada de qué espantarse, pero si decimos que los políticos son símbolos emblemáticos y aspiracionales, vale la pena cuestionar si la simpatía que genera en el momento, genera empatía con el elector…

Su colega que va con intenciones de conseguir un escaño en el palacio de Xicoténcatl, habla muy distinto, claro, son personas distintas, con historias de vida muy opuestas y con formaciones totalmente diferentes, pero aunque ese hombre no conecte con su audiencia, sabe que las formas son importantes y en política, son fondo.

Que un aspirante a cualquier cargo le hable en los mismos términos coloquiales con los que se conduce el votante, puede ser SIMPÁTICO, pero en la reflexión del voto, no siempre es EMPÁTICO, menos en una elección tan competida como la de ahora, en la cual el PRI no solo contiende contra los candidatos locales de otros partidos, sino contra un fenómeno social que ha dejado de ser un simple efecto.

¿El discurso? Eso es lo de menos, cuando le apuestas a generar sentimiento, no importa tanto lo que digas, sino cómo lo digas; por eso la relación del mismo sale sobrando, puesto que es una narrativa oficial buscando los mismos horizontes y con las mismas expectativas.

Algo sí debe entender la señorita del Moral: que a la ‘banda’ le hables como si pertenecieras a ella, no te hace integrante, es más, te hace repulsivo cuando ellos saben que nunca has estado, ni estarás en su zapatos y por tanto no entiendes lo que cargan, ni tampoco comprendes la amargura que ha generado el hartazgo por una clase política que se empeña en jalarnos a un túnel aún más profundo y más negro…