El fin de la euforia

El fin de la euforia

 

  • La forma es importante y dicta camino

Por José Manuel Miranda

CDMX.- Siempre es necesario estar para observar, pero en ocasiones observar a los que ven y oyen es más importante para tomar pulso de lo que acontece y con ello dar cuenta de un discurso que no se pronuncia con palabras, sino con acciones de los que más importan: la gente de la calle.

La expectativa que existía acerca de la toma de protesta del presidente AMLO, creo que ha sido una de las más grandes en la época contemporánea; Y lo es por una sola razón, anteriormente no se tenía opción audiovisual, el CEPROPIE era un sistema de radiodifusión y televisión oficial que prácticamente no le daba al ciudadano forma alguna de ignorar los protocolos gubernamentales en momentos precisos como el del sábado pasado.

Hoy día que tenemos el poder de elegir qué ver o qué escuchar en un rango muy amplio de ofertas audiovisuales que transmiten información en tiempo real, la inmensidad de los mexicanos optó por ver y escuchar la toma de protesta de AMLO y sus posteriores eventos que marcaron un distintivo en las formas del nuevo presidente. De ahí que la expectativa haya sido la más grande en los tiempos modernos en México.

Por supuesto la explicación es otro tema, pero pasó…

El mensaje contra el modelo económico es algo que no debería sorprender como a  muchos analistas les sucedió, AMLO lo ha estado diciendo durante 18 años desde que fue presidente del PRD en el 2000 y su visión ha sido y es, única, además de contraria –en el discurso- a la política neoliberal.

Lo que veía la gente era lo que quería ver, una reafirmación de las promesas de campaña que llevaron a 30 millones de personas a erigir un nuevo emblema de gobierno, sea realmente de izquierda o no, pero que promete lo que la gente anhela: paz y prosperidad. Su alcance es otro cantar.

Las personas que en su mayoría pasan del medio siglo de vida, escuchaban con auténtico interés a través de radios y pantallas lo que decía AMLO, y había en su mirada una de dos cosas, esperanza o recelo muy marcados, aunque en lo que tocó ver ganaba la esperanza en número.

Los discursos pronunciados no fueron diferentes de lo que se esperaba, pero algunas formas como hincarse frente a los líderes de pueblos indígenas y participar del ritual provisto más allá de recibir un bastón de mando, es algo que no se esperaba y que surtió efecto de impacto en quien lo vio.

Las críticas son intensas como cuando en su campaña, pero más moderadas en número y es que a varios ha caído el veinte de que ya no es candidato, ni presidente electo, sino alguien con poder real que desde el primer día ha intervenido las policías municipales y estatales a modo de quitarles poder y colocar mandos mediante la llamadas “Coordinaciones Territoriales por la Paz”, a través de establecer un mando a cargo de los coordinadores regionales de “Programas de Desarrollo Integral”, el cual dirige a las fuerzas federales y ejército como principales activos en la coordinación de acciones policíacas.

Ya está en acción y solo resta que las expectativas de las personas, aquellas que emocionadas miraban el sábado algo que -aunque no se la creían del todo-, pasaba: el momento en que AMLO fuera presidente de México.

La gente se miraba tranquila en la calle, en lo suyo, pero pensando que el día por fin había llegado.

Ahora que los precios siguen altos, que sabemos que los combustibles no van a bajar, que los asesinatos en la calle no cesan y el tráfico de drogas es incesante, lo cual provoca una inseguridad que no quita por arte de magia la zozobra de las personas, pervive en el aire una sensación hecha palabra, misma que encierra un dejo de alivio, la que -por el bien de todos-, es mejor que no desaparezca del ánimo de los mexicanos: esperanza…

El tiempo pondrá las cosas en su lugar.