Campañas preocupantes

Campañas preocupantes

 

  • Partidos, candidatos y militantes en zozobra

Por José Manuel Miranda

ZONA ORIENTE, Méx.- Esta semana que pasó ha sido tensa. Crímenes con alto grado de violencia se han ejecutado en la persona de dos políticos del Estado de México involucrados en campañas políticas, uno de Cuautitlán Izcalli y otro el municipio de Chalco.

Las diferencias entre estos personajes son muchas, pero eso no importa, lo fundamental es que fueron víctimas de una intolerancia que, sin saberse sus orígenes, desembocaron en atentados, privando de la vida al primero, hiriendo al segundo.

Hoy, los partidos en esencia están desdibujados socialmente debido a que los intereses que representan distan mucho de los del ciudadano de a pie. Deciden contiendas o aspiraciones bajo reglas que francamente no se entiende su fundamento y lógica, desprecian buenos ciudadanos, humillan grupos políticos de base, imponen a gandules que no representan a nadie, negocian intereses ciudadanos sin tomar en cuenta a los afectados por esas decisiones, empoderan familias y círculos cercanos que no cuentan con una vocación de servicio público, y más…

Sin embargo, el clima violento que se está generando por distintas razones o sinrazones, es lo que preocupa. Anteriormente las cosas se dirimían de la forma en que fuere, pero la sangre de por medio no era un elemento a destacar. Las especulaciones sobre los motivos de diferentes actitudes criminales vinculadas a la política, es lo que mantiene una expectativa sobre posibles escenarios que pueden poner a la población en vilo frente a lo que debería ser un periodo de reflexión sobre el futuro inmediato de la patria.

Lo que queremos decir con ello, es que la intención de generar un estado social de miedo, es preocupante. Es un estadio social no deseable porque incide en la población de manera directa e irreflexiva, es un ambiente en que la gente es impulsada a tomar decisiones con base en especulaciones e influencias negativas, mismas que no le dejan pensar claramente sobre lo que quiere para su país o su localidad.

Este estado de cosas, provoca que la masa social empiece a pensar de manera dirigida, algo que ya ha pasado en años pasados; con ello se orilla al votante a aferrarse a lo que conoce por malo y desprecia cualquier expectativa de mejora por desconocida aunque sea “buena”, en un afán de “sentirse seguro”, antes de “arrojarse hacia el vacío de la incertidumbre”.

Por eso, los crímenes en la persona de políticos -aunque su motivación no sea del mismo carácter-, terminan por ser un elemento para especular y juzgar ‘a priori’ acontecimientos que a nadie le constan, tergiversando con ello el sentido de la información, se genere donde se genere.

Así, las agresiones con intención mortal que hemos visto en estos últimos diez días son motivo de preocupación, pues cuando las personas se acostumbran a un estado social de violencia, ya nada las sorprende y se genera un ambiente perverso de permisividad que hace “común e irremediable” el estado de terror en que las poblaciones viven.

Es absolutamente condenable que esto pase, pero también es motivo de preocupación, el que la democracia horizontal de las redes sociales permitan emitir juicios sobre asuntos delicados sin la más mínima consideración y con una impunidad total.

Esto representa un peligro aún mayor: el que a alguien con poder promueva legalmente –y la realidad lo respalde- el poner un bozal al internauta y al ciudadano de la calle, quienes hasta hoy podemos decir mucho, sin que se enfrenten mayores consecuencias.

La censura está pronta a reaparecer como un elemento de control social…